
Palahniuk es... bueno, cuando consigamos encontrar un adjetivo adecuado, ustedes y yo completaremos esta entrada.
Su nueva novela, Al desnudo (Mondadori 2012), es una demostración de la elegancia creativa y literaria de este norteamericano de Portland.
Una recomendación... si tienen unas horas libres por delante, sepan que iniciarán el libro y lo concluirán, como una película en el canal público, sin interrupciones... a una velocidad de vértigo, con esa capacidad adictiva y cercana que Palahniuk cultiva a la perfección.
La historia parece, a simple vista, sencilla. Una actriz de Hollywood, que ya se encuentra en el otoño de su vida, con sus fantasmas y el miedo a la soledad y a la falta de reconocimiento sobrevolando su existencia, ve cómo un joven se introduce en ella (en todos los sentidos), insuflando aire fresco y otorgándole sensaciones ya casi olvidadas.
Todo bien, salvo para la "mujer para todo" que ha cuidado (y construido) a la actriz, nuestra narradora Hazie Coogan, que atisba un ánimo nada limpio tras las intenciones del apuesto joven (en concreto, una bibliografía de la actriz, pendiente de ser entregada a la editorial una vez que la famosa fallezca).
O, en palabras del autor, "Chico encuentra chica. Chico consigue a chica. ¿Chico mata a Chica?".
Por el gran teatro de Al desnudo desfilan, en cascada, las nombres propios del Hollywood más auténtico.
En su línea (deliciosa), Palahniuk ofrece las imágenes, más propias de las páginas de sucesos, deteniéndose en los detalles que, rara vez, ocupan al periodista, la normalidad (la cotidianeidad) que anticipa la tragedia (el titular a cuatro columnas).
Raras ocasiones el comentario de la contraportada hace honor a un volumen como en este caso: "Al abrir una novela de Palahniuk, el lector puede estar seguro de una cosa, en algún momento le repugnará y le divertirá. En manos de Palahniuk, las dos respuestas son apropiadas" (Rocky Mountain News).
Sin embargo, y puestos a elegir, conviene hallarse en las prestigiosas manos de Palahniuk.
Para estómagos menos propensos a la digestión siempre quedarán los titulares de los periódicos.
ps: Palahniuk reserva imágenes inauditas y una sorpresa final a la que, por respeto y devoción, es necesario ni aludir en esta breve reseña.
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