viernes, 27 de abril de 2012

HIELO NEGRO... NOVELA NEGRA CONGELADA

Llegué hasta BEF (Bernardo Fernández, Ciudad de México, 1972), por un reportaje literario, en algún diario generalista (disculpen mi mala memoria), que abundaba en la vitalidad y buena salud de la novela mexicana.
Hielo Negro es una novela propia del género. En ocasiones, tan propia que su seguidismo la acerca peligrosamente a lo común.
Un asesinato múltiple abre la narracción, colocando al lector ante una amalgama de discursos y tomas en las que las voces de los personajes pretenden confundirse sin que, sin embargo, se obtenga una verdadera modalidad narrativa diferenciada y enriquecida.
En el núcleo de la trama, Lizzy, la recién heredera de un imperio de narcotráfico que pretende insuflar un aire nuevo al comercio ilegal, gracias a la investigación electrizante de un despiadado médico que resulta ser, poco menos, que un sujeto marginal.
Azares del Destino, el nudo que entronca la historia de las dos mujeres protagonistas, una Lizzy, otra la insegura policía judicial mexicana Andrea Mijangos, que ve cómo el hombre al que ama, y que no había dejado su matrimonio para sostener esa aventura, cae muerto en un asesinato qu enos llevará a recorrer demasiados lugares comunes del género.
Mijangos ofrece una imagen y pensamiento excesivamente masculino, incluso, para alguien que se codea y rodea de un universo tan peculiar como el policial.
A todo esto, el Hielo Negro es una droga de diseño que ambiciona a revolucionar el marco conductual del ser humano, visitando líneas de precipicios en los que se confunden los sentimientos con su más estrambótica ausencia.
La novela obtuvo el premio Grijalbo de novela y comulga de la rapidez del lenguaje moderno en la transcripción falta de exhaustividad y detalle...
BEF, quizá, por su apego al comic, ha dibujado una historia con ciertos episodios lagunares que termina degustándose como un caldo deslavazado.

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