miércoles, 21 de marzo de 2012

ULISES Y OTRAS FRAGANCIAS EMBRIAGADORAS


Ustedes y yo sabemos, sobradamente, que existen libros que nos desafían.
Alcancé, hace ya algunos años, el sobrado convencimiento de que existen fundados motivos para acudir a determinados hitos de la Literatura cuando la edad propicia que las emociones sean más calmadas y reposadas.
En ésas nos hallábamos, cuando se culminó, con elegancia, la degustación de Rayuela (quizá un libro adulto para jóvenes) y el acometimiento de otra importante empresa, como es la de Ulises.
Reconozco, sin vergüenza alguna, que desistí, temporalmente, del propósito cuando mediaba el tercer centenar de páginas y que el volumen continúa mirándome, altanero, desde un lugar privilegiado de mi estantería.
En su lugar, y por aquello de acallar mi conciencia, en otros episodios, naufragué, con indudable alegría, entre las líneas de Dublineses (narración épica y sincera de [una] época).
A fe que nos volveremos (en breve) a encontrar. Lo prometo (y él, confiado y nada impaciente, aguarda).

En todo caso, y como éste pretende ser un lugar de grato encuentro y debate de los soldados de la Literatura (en sus más variadas acepciones y calidades), me permito trascribirles (previo agradecimiento eterno) las profundas reflexiones de mi siempre ínclito y docto Sr. Galván, a resultas de un episodio que, sin lugar a dudas, hubiera podido conformar el recorrido que, con maestría, desgrana Joyce en su obra cumbre:

"Nos volvimos a encontrar.
Anoche, tras mucho tiempo, nos volvimos a encontrar.
Otras formas, otras sensaciones, otra viabilidad para el caminar de los años,
las circunstancias, y el pozo que la madurez barniza en la piel de los hombres.
Como otrora, paseé decidido y con tiento firme, con la
determinación y necesidad que mueve al mundo (manifestación externa de los
instintos), hacia el local que, por alguna razón, desde mi primera visita me
reconforta y agrada desde que paso el umbral y mis ojos se deleitan con el
trabajo de los maestros de la madera, al haber compuesto una sinfonía de
superposiciones arbóreas tan sumamente mimadas.
Tras veinte minutos me aposté en la barra, como a la
antigua usanza, dando la espalda a las pantallas LED, proyectores, y
aficionados de uno y otro equipo de rugby; y sólo deseé no ser molestado por
conversaciones banales de féminas...
La sonrisa del amable bodeguero irlandés se borró
repentinamente, probablemente por el fruto de años de servicio, al ver mi
rictus serio, ceño fruncido, y una apremiante necesidad que no prestaba
oportunidad a la zalamería.
Tiró la pinta de trigo sin mirarme y pagué en exceso, sin
preguntar importe.
Y el alcohol irrigó los campos celulares de mi anatomía;
y el fermento fluyó generoso a través de mi aparato circulatorio...y me volví a
encontrar durante unas horas con el otro yo, el que no deriva a merced de
terceros y horarios.
Y de fondo se escuchó, como prolegómeno, el ya
epitafio que resume la noche: ENSAYO".


Y, concluyendo, una reflexión que justificaría una ingesta infinita de las más variadas sustancias (incluyan en su manual de sustancias la devoración de libros):

“A día de hoy, la propia filosofía que inspiró al arisco J.
JOYCE crea Ulises por donde va. ¿Se ve realmente embriagado el sujeto por los efectos del
alcohol o por las letras que repican, eco de la apacible y gustosa dulzura de
la obra del trébol, en su cabeza: Bloom, Bloom, Bloom…?

ps: A todo esto... hoy (rectius ya ayer) fue el Día Mundial de la Poesía... Felíz DMP...
psII: Cometiendo el imperdonable error de las estrellas del rock, pero merecidamente, gracias (encarecidas, honestas y sinceras) Sr. Galván

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